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Diario de una friki

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02 de junio de 2008

$>Battlestar Galactica: the fracking plan

La cuarta temporada de Battlestar Galactica se acerca a su middle season, buen momento para dejar caer algunas reflexiones respecto a Adama y compañía. Spoilers a mansalva de todas las temporadas en esta serie de artículos, lee por tu cuenta y riesgo.

Como ya es sabido, soy fanática de Galactica desde la vieja, casposa, inocentona y cutre serie de los 70, visionada con una par de décadas de retraso. Seguí la versión "reimaginada" que comenzó discretamente sus emisiones en 2003 desde sus primeros capítulos, con una permanente sensación de amor-odio y un horrible zumbido de mi sentido arácnido que me llevó a no comulgar con la orgiástica aclamación de crítica y público que vivmos en su momento.

Echando la vista atrás, podemos decir que la serie cuenta con una miniserie original muy buena, una primera temporada bastante decente que mezcló capítulos sublimes ("33") con pajas mentales vomitivas ("You can´t go home again" o "Flesh and bone"), una segunda temporada de la que aún se pueden salvar dos o tres capítulos y una tercera temporada que fue una total y absoluta tomadura de pelo. Y ya desmelenados, la cuarta no tiene tapujo alguno en reconocer que esto ya no es lo que era y que donde dije digo, digo Ernesto. O Josefina.

Cuando esta cuarta temporada comenzó me sentí estafada desde los primeros segundos de emisión, antes incluso de visualizar la primera escena. Durante una miniserie y tres temporadas regulares se nos recordó en cada capítulo que los cylons se habían rebelado, habían evolucionado, que estaban entre nosotros y había muchas copias y que, lo más importante, TENÍAN UN PLAN. Ese jodido y fantástico plan que no podíamos llegar a abarcar y que suponíamos explicaría algunas de las aparentes debilidades y meteduras de pata de la serie.
En la segunda temporada, y ante la evidencia de que no había plan que enmendase el descomunal embrollo en que se había convertido todo, decidieron ventilar el plan mediante una rebelión sorpresa dentro de los propios cylons. No obstante, en la tercera temporada se nos siguió insistiendo en lo de que tenían un PLAN (¿de pensiones? llegué a preguntarme) y que nos íbamos a cagar en cuanto se desvelase.
En esta cuarta, lo dicho. Ese mensaje sempiterno del PLAN ha sido sustituido ya sin rubor alguno por el "falta un cylon por descubrir y cuando te lo digamos vas a flipar". Ya. De puta madre. ¿Y el plan? Porque vamos. Tragarse la tercera temporada con la mísera esperanza de averiguar ese plan y que ahora se "olviden" de él sin más y lo sustituyan por el misterio de "quien es el cylon que falta por descubir" me parece de juzgado de guardia.

La evolución de la serie ha ido pareja. Si en miniserie y primera temporada el tono pseudo-documental y el tratamiento psicológico de los personajes (y del retrete llamado Kara Thrace) eran el eje que mantenía un nivel nunca antes visto en la cf televisiva, bien salpimentado de escenas de acción espacial "arcade", los derroteros que tomó la serie con el cambio de equipo de guionistas convirtieron Galactica en un teatrillo espacial plagado de tópicos, situaciones manidas hasta la nausea y giros de guión de verguenza ajena que concluyen en lo que viene a ser el hobby principal de los fanáticos que aún siguen la serie como si nada hubiese cambiado: olvidarse de todo y centrarse sólo en buscar al quinto miembro de los Final Five. Pero sobre eso rajaré en el próximo artículo. Avisados quedais.

Publicado por Bethleem @ 18:56 | Cine/TV | 0 Comentarios | Enviar
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