Soy muy intuitiva, atributo que quizá posea como compensación a mi legendaria mala suerte. En ocasiones tengo lo que podríamos denominar corazonadas, premoniciones o una especie de sentido arácnido que detecta el peligro. No es algo que se pueda controlar, de vez en cuando sucede que sabes que algo concreto va a suceder o que debes hacer o dejar de hacer algo determinado aunque suponga ir contra la lógica más elemental o contra tus propios intereses.
Me sucede desde muy niña y al principio simplemente no hacía caso de mis corazonadas. El mundo era perfectamente cuadriculado y la razón la herramienta más poderosa para interactuar en él. Con el tiempo fui observando, inicialmente por casualidad y después de forma sistemática y científica, que las corazonadas eran jugadas seguras. No recuerdo ningún caso en el que hayan fallado, lo que también puede achacarse a los filtros de memoria que el cachondo del cerebro maneja a su antojo.
Como sea, el caso es que hace dos viernes recibí dos llamadas. La primera de ellas era para confirmarme el ok a un asunto por el que había peleado bastante tiempo y que era a todas luces beneficioso tanto para mí como para los que me rodean, sin letras pequeñas ni sacrificios a cambio. Cuando colgué tuve una de esas corazonadas. Mi mente, en lugar de alegrarse por haberlo conseguido, comenzó a pensar la forma de romper el acuerdo con los menores perjuicios posibles, rechazando toda lógica y beneficio propios. Mi razón se impuso y me obligué a racionalizar que seguir adelante era lo mejor.
A los pocos minutos recibí una segunda llamada de la misma gente. Lo primero que pensé fue que el ok había sido un error y llamaban para desdecirse y disculparse. Y bueh, la sensación de alivio que sentí justo antes de descolgar fue inmensa. Pero no. Era para concretar una serie de documentación que se les había olvidado comentar en la anterior llamada para así agilizar la reunión del lunes.
Todo el fin de semana estuve peleando conmigo misma hasta que dos acontecimientos imprevistos me hicieron recapacitar favorablemente sobre la idoneidad de seguir mi corazonada. De forma que preparé una especie de excusa para desentenderme del acuerdo. Por supuesto, salió mal todo lo que podía salir mal y parte de lo que era imposible que saliese mal. Finalmente logré salvar la cara más o menos aunque las consecuencias, que no conoceré hasta dentro de unas semanas, las intuyo catastróficas.
No obstante no sentí ningún remordimiento de conciencia, ningún peso ni angustia al romper el trato; tampoco alegría. Lo que sentí fue una paz inmensa como pocas veces la he experimentado.
A partir de ese momento di una serie de pasos erráticos que no sabría reproducir y que no habría dado en caso contrario. El imprevisto camino me condujo a realizar dos hallazgos, el de algo que estaba buscando junto con algo que busqué durante largo tiempo y sobre lo que ya había perdido toda esperanza de poder recuperar. Que total, a estas alturas de la prórroga es indiferente el haberlo conseguido de nuevo, no me aporta nada salvo el llenar uno de esos muchos vacíos interiores que me atraviesan como a un queso de gruyere. Fue no obstante, en mi estúpida visión de la jugada, una especie de guiño de ese hijoputa que se llama destino, el premio de consolación para hacerte ver que aunque hayas perdido, al menos jugaste limpio.
A partir de ahora no puedo garantizar la frecuencia de nuevos posts, lo que en la práctica quiere decir que entre uno y otro pueden pasar días, semanas, meses o años; o que no vuelva a aparecer ninguno más.
Este aviso es para que nadie se preocupe. No pasa nada, es únicamente un tema logístico.
Sed buenos y recordad que más allá de los límites explorados quedan osos, tigres y leones por descubrir. Un beso a todos.
...buenas son tortas. Y qué tortas.
Como ya dije, estoy pasando olímpicamente de la tercera temporada de Lost. Y mientras espero por Galactica, decidí probar Jericho, una especie de híbrido entre Lost y Mujeres deseperadas. Había visto el piloto; regular, tenía sus puntitos interesantes pero el resultado no era especialmente llamativo. Así que entre capítulo y capítulo de la tercera de House (va mejorando la mediocre segunda), le di una oportunidad al segundo de Jericho.
Leches. Es infartante. Muy pero que muy bueno. Puede que la serie decaiga después, es bastante de esperar, pero este segundo capítulo es sensacional. Una extraordinaria banda sonora envuelve perfectamente la carrera de este pueblo hacia la superviviencia tras el ataque nuclear masivo contra los Estados Unidos, junto a un guión ágil, montaña rusa sin freno, muy buenas actuaciones...
Hay vida después de Lost. :)
Título original de la película de animación traducida en España con el inmanejable título de "La increible pero cierta historia de caperucita roja".
Al meollo. Gráficamente está muy lejos del estado del arte obtenido por Pixar o Dreamworks, es un producto que técnicamente se corresponde más al año 2000 que al 2005 en que fue estrenada. Claro, no todo el mundo tiene los recursos de las grandes y emplear una técnica tan rudimentaria aporta una ventaja considerable: la reducción de los tiempos de producción.
El equipo de doblaje tampoco tiene voces de primera fila (a excepción del en horas bajas James Belushi) ni en su versión original ni en la versión castellana, lo cual ayuda a la reducción de costes y demuestra que no es preciso vender la moto con caras conocidas si el producto es bueno.
Al margen de sus carencias técnicas, la cinta es muy buena. Tiene chispa, muy buenas intenciones y un guión que extiende muy inteligentemente hasta la hora y cuarto algo que no daría para más de media hora. Aunque es un producto que puede ser disfrutado por toda la familia, es el público adulto quien lo disfrutará más. Está repleto de guiños a cuentos clásicos junto a referencias a películas modernas (Matrix, xXx, un aroma a CSI...) y los gags son bastante buenos en general (juro que hacía tiempo que no me reía tanto con una de animación). Tiene un par de canciones estilo-Disney por el medio pero son breves y no molestan demasiado.
Y respecto a los gags, una reflexión sobre uno de ellos: la ardilla dopada con café. El gag se repite de forma idéntica tanto en esta Hoodwinked como en la reciente Over the Edge ("Vecinos invasores" en España). Y bien, ¿quién copió de quién?. Hoodwinked es de 2005, Over the Edge de 2006, lo que lleva a pensar en que los copiones son los de la segunda. Peeeero... como ya comenté, los tiempos de producción de la primera fueron muy inferiores a los de la segunda, así que la fecha de estreno no es determinante (una filtración de guión y...). También cabe la posibilidad de que las dos copien de una tercera fuente desconocida (alguna serie de dibujos americana, por ejemplo). Sea como fuere, la repetición en ambas es muy llamativa.
Ampliamente recomendada para pasar un rato muy divertido con toda la familia.
Banlieue 13, lo que en cristiano viene a significar barrio o distrito número 13, es una de las últimas películas nacidas con idea y guión del otrora interesante Luc Besson. Quedan muy lejos aquellas joyas como Leon el profesional, Nikita o El quinto elemento. De un tiempo a esta parte Besson, como Cameron y muchos otros, se ha vuelto vago y pasa olímpicamente de dirigir. Entre producir y escribir algún que otro guión saca lo suficiente como para no tener que preocuparse poor volver a esforzarse de verdad.
Observando los productos en los que está implicado se observa una clara tendencia a despeñarse sin remedio. La saga Taxi, el Transporter, esta misma Banlieue 13... Sí, Besson siempre se caracterizó por un cine de acción; un cine, no obstante, de clase. Tenía la capacidad envidiable para crear unos personajes inolvidables, ese León, esa Nikita, ese multicolor elenco del quinto elemento... unidos todos ellos por guiones inteligentes bien resueltos en cámara y con buenos diálogos.
Todo eso se terminó. Sus guiones ahora muestran caricaturas de buenos y malos en tramas idiotas que sirven como justificación para enlazar peleas y tiroteos sin mucho cuento. Y lo que es peor... ahora se dedica a copiar como un hijoputa.
Cuando lei la sinopsis de la cinta que me ocupa me dije, leches, esto me suena. Barrio de inmigrantes cercado, amenaza de bomba nuclear en su interior y comando de élite que debe ir a desactivarla. Es exactamente la trama de los últimos capítulos de la serie de TV Ghost in the Shell Stand Alone Complex 2nd Gig. Y viéndola me horroricé aún más al comprobar que los pocos giros de guión exitentes, por no decir el único, es exactamente el mismo que en la serie: la bomba es una trampa del gobierno para acabar con los inmigrantes de un plumazo. Con un par, para qué vamos a ser originales si podemos copiarlo todo de unos dibujos que no ve casi nadie. Ole.
Y en fin, la historia es horrenda, mal contada, con personajes unidimensionales que parecen chistes más que seres reales, peleas nada creibles de puro excesivas, situaciones que hacen blasfemar al más pintado (una chica es sistemáticamente drogada y violada durante seis meses y a los dos días de rescatarla está ya como una rosa y filtreando ¬¬) y diálogos que atacan la inteligencia humana (cree que por introducir con calzador en un diálogo la referencia a los coches quemados ya va de compromiso social).
Lo único bueno de la película, que no justifica en modo alguno su visionado, son las escenas de parkour, abundantes a lo largo de toda la cinta. Se nota que los actores protagonistas (o sus dobles de cuerpo) son traceurs curtidos (y menos mal porque sus capacidades interpretativas son nulas) y alegran la vista con la plasticidad de sus movimientos por los más variados elementos urbanos, todos ellos concatenados sin pausa secuencia a secuencia y con una música hiphopera a tono que lo convierten en un logro visual interesante. Pero ya digo, ver a dos señores pegando saltitos no justifica toda la mierda que hay que tragrarse de regalo.
Conclusión: Besson, cuya obra fue seguida y admirada por quien esto escribe, ha salido definitivamente por la puerta de atrás de mi lista de interesantes. A partir de ahora, y salvo clamor popular en contra en algún futuro título, la presencia de su nombre será sinónimo de película-que-no-vale-la-pena.